¿Sabemos lo que significa comer bien?

Si preguntamos qué significa comer sano, muchas personas nos contestarán que la teoría ya se la saben y a continuación oiremos frases tipo:

– Para comer sano hay que comer todo a la plancha y cocido.

– La clave está en comer de todo con moderación.

– Desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como un mendigo.

– Beber mucha agua.

– Comer todo en plato de postre.

Lo cierto es que disponemos de muchísima más información sobre alimentación y nutrición de la que disponían nuestros abuelos. Pero… ¿Estamos cada vez informados o más desinformados?

El apogeo de Internet y las Redes Sociales como fuente de información, lejos de haber ayudado, ha contribuido a acrecentar el problema. Cualquier persona cree saber sobre alimentación y nutrición por el hecho de comer todos los días; con lo que cualquiera puede difundir se desconocimiento y afectar a muchas personas.

Si a esto le sumamos la proliferación de todo tipo de dietas milagro, el tremendo problema de intrusismo laboral que pesa sobre la relativamente nueva profesión de nutricionista, el agresivo y omnipresente marketing alimentario, la laxitud de la normativa, la pasividad de los gobiernos y la proliferación de productos comestibles que no existían hace 50 años, entenderemos que la población esté cada vez más desorientada en materia de alimentación y que, en definitiva, comemos peor.

Los mitos alimentarios campan a sus anchas y difícilmente se pueden cambiar cuando son solo cuatro los que intentan educar en buenos hábitos y cuatro mil los que se dedican a todo lo contrario.

Y aquí tenemos otro gran problema. ¿Cómo vamos a mantener unos hábitos saludables si cada persona tiene una interpretación diferente a lo que significa comer sano debido a toda esta intoxicación?

Es habitual escuchar a cualquier persona dar recomendaciones sobre la alimentación:

– No tomes huevos que ya los tomaste ayer.

– No comas fruta por la noche o después de comer que es malo.

– No tomes lácteos que producen enfermedades.

– No se debe mezclar tal alimento con tal otro.

– No tomes carnes que son tóxicas para el cuerpo, ya que somos originalmente vegetarianos.

Y la lista continúa…

A pesar de tanto experto, los indicadores de salud nos confirman que cada vez comemos peor. ¿No será que algo estamos entendiendo mal, que realmente no sabemos comer bien?

                                            Dicen que… es ya media mentira.

                                                                         Thomas Fuller.

 

Excusas que nos ponemos para no comer sano.

Otras veces, no solo se trata de que no sepamos comer bien, sino que además nos ponemos todo tipo de excusas para no hacerlo, a pesar de que sabemos que debemos comer mejor, tales como:

– Por un poquito no pasa nada.

– Ahora que ya lo he hecho mal, ya da igual: perdidos al río.

– Hay que comer de todo con moderación.

– No soy capaz.

– Un día es un día.

– Es que si no me lo como yo, acabara en la basura.

– Lo compro por si vienen visitas a casa.

– Es que no tengo tiempo de cocinar.

– De toda la vida se ha comido así y no ha pasado nada.

-Me lo merezco porque hoy he hecho deporte.

– Lo compro para que a Fulanito no le parezca mal.

– Lo como porque ha sobrado mucha cantidad.

-Total, nunca lo voy a conseguir.

– No tengo tiempo de ir a comprar.

– Lo compro por los niños, En casa siempre algo les tienes que tener.

– No es plan de salir a comer fuera y pedirme un agua.

– Me lo están ofreciendo y no le voy a hacer el feo de no probarlo.

– De algo hay que morir.

– Lo que no mata, engorda.

-El lunes empiezo sin falta.

-Pues Fulanito siempre comió así y vivió 100 años fuerte como un roble.

-Es que si nos ponemos a mirar todo lo que comemos no podríamos comer nada.

¿Te has reconocido en alguna frase?

Pues esto son solo ejemplos de justificaciones que nos ponemos a nosotros mismos para permitirnos comer todo lo que nos apetece cada vez que nos apetece sin sentirnos culpables por ello.

Realmente si comemos habitualmente bien, podemos comer de tanto en tanto lo que nos apetezca sin ningún tipo de remordimiento, ya que si realmente constituye una excepción y no una norma, no nos va a repercutir en nada. Pero la situación real no suele ser esa, sino que los malos hábitos son la norma y las excusas, la justificación ideal para perpetuarlos.  

                                           El que quiere, busca un medio; el que no, una excusa.

                                                                                                    Proverbio árabe.

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